Japón: el viaje de las mil historias
Osaka, Nara, Fushimi Inari, Kioto y Tokio en nueve días, con tren bala incluido y un acompañante-animador que convierte cada trayecto en una historia. Un gran viaje a Japón en familia en Semana Santa 2027, justo en la época en la que florecen los cerezos.
Japón: el viaje de las mil historias. Hay viajes que se cuentan y viajes que te cuentan cosas. Este es de los segundos. Nueve días desde Osaka hasta Tokio, atravesando el país que inventó los trenes que piden perdón si llegan un minuto tarde y los templos que llevan mil años sin moverse del sitio. Vais a cruzar un bosque de bambú, subir una montaña de puertas rojas, comer takoyaki en la calle más ruidosa de Osaka, dar de comer a los ciervos de Nara y montaros en un tren bala a 300 por hora con el Fuji asomando por la ventanilla. Y todo con un acompañante-animador que viaja con vosotros desde Madrid y que convierte cada trayecto en una historia: proverbios japoneses, retos para los peques y ese arte japonés de fijarse en lo pequeño. Salida en Semana Santa, justo en la época en la que Japón se pone de color rosa. Los niños vuelven contando cosas durante meses. Los mayores también.

Día 1 | Domingo 21 de marzo: Madrid – Estambul – Osaka
Presentación en el aeropuerto de Madrid, donde os espera vuestro acompañante-animador, que empieza el viaje como manda la tradición: enseñando a hacer la reverencia japonesa. Salida en vuelo regular hacia Osaka, vía Estambul. Durante el trayecto no hay tiempos muertos: llegan las primeras lecciones sobre el mottainai (esa idea tan japonesa de no desperdiciar nada, ni las cosas ni los momentos) y los primeros kotowaza, los proverbios que os van a acompañar todo el viaje. Noche a bordo.
Día 2 | Lunes 22 de marzo: Osaka
¡Aterrizamos en Japón! En el aeropuerto de Kansai os recibe un asistente de habla hispana y traslado al hotel. Primera regla del país: los zapatos se quedan en la entrada. Resto del día libre para descansar del viaje o empezar a asomaros a la ciudad sin prisa. Osaka se explica sola en sus calles: canales, rascacielos y, entre medias, pequeños santuarios que aparecen donde menos te lo esperas. Alojamiento.

Día 3 | Martes 23 de marzo: Osaka
Desayuno y día libre. La propuesta del acompañante es recorrer juntos Dotonbori, el barrio más animado de Osaka: carteles luminosos del tamaño de un edificio, restaurantes a pie de calle y un paseo junto al canal que resume el carácter de la ciudad, que es el más abierto y gamberro de Japón. Aquí se come mejor que en ningún sitio del país, y eso lo dicen los propios japoneses: a Osaka la llaman "la cocina de Japón". Toca aprender dos palabras nuevas, takoyaki (bolitas de pulpo) y okonomiyaki (una especie de tortilla-pizza que se hace en la plancha delante de vosotros). Para quien prefiera otra cosa, hay alternativa de peso: (opcional) Universal Studios Japan, por cuenta de los clientes.

Día 4 | Miércoles 24 de marzo: Osaka – Nara – Fushimi Inari – Kioto
Día grande. Después del desayuno contemplamos el exterior del castillo de Osaka, una fortaleza rodeada de jardines enormes con más historias detrás que muchas novelas. Camino de Nara en autocar llega otro proverbio: "hasta el viaje más largo empieza con un primer paso". Nara fue la primera capital permanente del país, y su gran atracción no es un edificio: son los ciervos, que campan libres entre templos y parques, están considerados mensajeros sagrados y —esto alucina a los niños— hacen una reverencia si tú se la haces primero antes de darles una galleta. Por la tarde, el Santuario de Fushimi Inari: miles de puertas torii de color bermellón formando un túnel que sube por la montaña. Buscad los zorros de piedra con una llave en la boca: son los mensajeros de Inari y hay cientos repartidos por el recinto. Terminamos el día en Kioto, antigua capital imperial. Almuerzo o cena incluida según itinerario. Alojamiento.

Día 5 | Jueves 25 de marzo: Kioto
Kioto es donde vive el Japón clásico, y hoy os lo enseña entero. Empezamos en el bosque de bambú de Arashiyama, donde la luz se cuela entre cañas de veinte metros y el viento hace un sonido que el propio gobierno japonés tiene catalogado como uno de los cien paisajes sonoros que hay que conservar. Seguimos en el templo Tenryuji, cuyo jardín se diseñó hace siete siglos para integrarse con la montaña en vez de domarla. Después, el Kinkakuji o Pabellón Dorado, literalmente recubierto de pan de oro y reflejado en un estanque que parece puesto ahí a propósito para la foto. Y cerramos en el castillo de Nijo, residencia de los shogunes Tokugawa, con sus famosos suelos ruiseñor: tablas montadas para chirriar como pájaros al pisarlas y avisar así de la presencia de intrusos. Reto para los peques: intentar cruzar la sala sin que suene. Spoiler: no se puede. Almuerzo o cena incluida según itinerario. Alojamiento.

Día 6 | Viernes 26 de marzo: Kioto – Tokio en tren bala
Desayuno y a la estación, porque hoy toca uno de los momentos que todo el mundo recuerda: el tren bala Nozomi. Fijaos en el morro, larguísimo y redondeado como el pico de un ave: no es estética, es ingeniería para que el tren no provoque un estruendo al salir de los túneles. Es rapidísimo y es famoso por su puntualidad hasta el extremo de que la compañía pide disculpas públicas por un retraso de un minuto. Al llegar a Tokio, un guía local os presenta la metrópolis: el barrio de Shibuya y su cruce peatonal, donde cientos de personas avanzan a la vez en todas las direcciones sin chocarse ni una vez; y el Santuario Meiji, rodeado de un bosque de unos cien mil árboles donados desde todo Japón y plantados a mano, donde el ruido de la ciudad desaparece de golpe. La jornada termina con una cena todos juntos en un restaurante. Alojamiento.


Día 7 | Sábado 27 de marzo: Tokio
Día libre para seguir tirando del hilo. La propuesta del acompañante es un juego: fijarse en lo que normalmente pasa desapercibido, como la organización del transporte, lo limpias que están las calles o la amabilidad con la que te tratan en cualquier tienda. Y luego, elegir barrio, porque en Tokio cada uno es un mundo distinto: Harajuku, capital de la moda más imposible; Akihabara, el reino de la electrónica, el manga y las máquinas recreativas de siete plantas; o Shinjuku, con sus rascacielos y sus luces. En algunos hoteles y restaurantes hay robots que reciben a los clientes o ayudan a servir las mesas: los hay con forma de dinosaurio y los hay con forma de personaje de dibujos. Como dice otro kotowaza: "diez personas, diez colores".

Día 8 | Domingo 28 de marzo: Tokio
Desayuno y otro día para vosotros. Compras, algún museo, o volver a esos sitios que se os quedaron a medias. El último desafío del acompañante es buscar las historias pequeñas escondidas en estaciones, jardines, templos y mercados: un cartel raro, una costumbre que no conocíais, un rincón silencioso entre dos torres de cristal. Porque Tokio impresiona por tamaño y por tecnología, pero lo bueno se lo guarda para quien mira con atención. Alojamiento.

Día 9 | Lunes 29 de marzo: Tokio – Estambul – Madrid
Traslado al aeropuerto de Narita y vuelo de regreso vía Estambul. Llegada a Madrid. Os despedís del acompañante con bastante más que fotos: con una idea mucho más completa de lo que es Japón, con un puñado de anécdotas y con toda una colección de historias que contar.
Nueve días dan para que un niño aprenda a decir "gracias" en japonés, a descalzarse al entrar en casa y a mirar un jardín como quien lee un libro. Dan para que vosotros descubráis que un país entero puede funcionar sobre la idea de no molestar al de al lado. Y dan, sobre todo, para volver con mil historias, que es exactamente lo que promete este viaje y exactamente lo que cumple. Japón no se visita: se aprende. Y se aprende mejor en familia.
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