El jeroglífico del faraón
Ocho días recorriendo Egipto como un juego de pistas: cuatro noches navegando el Nilo, el Valle de los Reyes, la tumba de Tutankamón, las Pirámides de Giza y el Gran Museo Egipcio, con un acompañante que convierte cada templo en un enigma para los niños. Vuelo directo a Luxor, visado y propinas incluidos.
Egipto convertido en un juego de pistas. Este viaje tiene una trampa buenísima: vuestros hijos creen que están resolviendo un enigma y en realidad están aprendiendo cinco mil años de historia sin darse cuenta. Un acompañante viaja con el grupo desde Madrid y va repartiendo códigos, acertijos y símbolos que hay que ir descifrando templo a templo hasta completar el jeroglífico del faraón. Ocho días entre Luxor, Edfú, Kom Ombo, Asuán y El Cairo, cuatro de ellos navegando el Nilo en un crucero de cinco estrellas, con el Valle de los Reyes, la tumba de Tutankamón, las Pirámides de Giza y el nuevo Gran Museo Egipcio por el camino. Vuelo directo a Luxor desde Madrid, guía en castellano y —esto marca la diferencia en Egipto— visado y propinas incluidos. Ni una gestión, ni un billete suelto, ni una mano extendida a la que responder.
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Día 1 | Sábado 5 de diciembre: Madrid – Luxor
Vuelo directo a Luxor, sin escalas: en menos de seis horas estáis en el Alto Egipto. Tras los trámites de visado —que van incluidos y os los gestionan— traslado al barco que será vuestra casa durante los cuatro próximos días, amarrado en el Nilo. Cena ligera en el camarote y primera noche a bordo, con el río al otro lado de la ventana. Aquí empieza el enigma: el acompañante reparte las primeras pistas.
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Día 2 | Domingo 6 de diciembre: Luxor – Esna – Edfú
Desayuno a bordo y día enorme. Empezáis en el Valle de los Reyes, una ciudad secreta excavada dentro de la montaña donde los faraones escondieron sus tumbas, cubiertas de pinturas que cuentan qué creían que pasaba después de morir. Y entráis en la tumba de Tutankamón, que estuvo oculta más de 3.200 años hasta que Howard Carter dio con ella hace apenas un siglo: esta entrada casi nunca va incluida, y aquí sí. Seguís en el templo de Hatshepsut, la faraona que gobernó Egipto y a la que sus sucesores intentaron borrar de la historia, con su templo encajado entre acantilados. Después, la casa de Howard Carter, el templo funerario de Medinat Habu y los Colosos de Memnón, dos estatuas gigantescas de Amenofis III de las que los griegos contaban que emitían voces al amanecer. Por la tarde, Karnak, un complejo que tardaron más de mil años en levantar generación tras generación. Y al anochecer, el templo de Luxor iluminado, que es de esas cosas que se recuerdan para siempre. Regreso al barco, almuerzo y navegación hacia Edfú cruzando la esclusa de Esna. Cena y noche navegando.
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Día 3 | Lunes 7 de diciembre: Edfú – Kom Ombo – Asuán
Desayuno y desembarco para subiros a una calesa —carruaje de caballos, y sí, los niños se vuelven locos— camino del templo de Edfú, dedicado al dios halcón Horus y el mejor conservado de todo Egipto: entrar ahí es lo más parecido que hay a ver un templo egipcio tal y como era. Vuelta al barco para comer y navegación hasta Kom Ombo, un templo doble y muy raro, con la mitad dedicada al dios cocodrilo Sobek. Por la noche llega la Noche Egipcia: todo el mundo se viste con galabeya, hay música oriental, un buffet de sabores locales y baile. Es la noche que sale en todas las fotos del viaje.
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Día 4 | Martes 8 de diciembre: Asuán
Desayuno y salida en lancha hacia la isla de Agilkia, donde espera el templo de Filae. Su historia engancha a cualquiera: cuando se construyó la presa de Asuán, el templo iba a quedar bajo el agua para siempre, así que lo desmontaron piedra a piedra y lo volvieron a montar en una isla más alta. Después visitáis una antigua cantera de granito, de donde salía la piedra de templos y pirámides, con el famoso obelisco inacabado todavía tumbado en la roca: se agrietó mientras lo tallaban y lo abandonaron ahí hace tres mil quinientos años. Regreso al barco y tarde de actividades y juegos a bordo. Alojamiento.
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Día 5 | Miércoles 9 de diciembre: Asuán – El Cairo
Desayuno y mañana de río: navegáis en faluca, los veleros tradicionales del Nilo que se mueven solo con el viento, hasta la isla Elefantina, con el Jardín Botánico de Lord Kitchener y el Mausoleo del Agha Khan enfrente. Cambio a una lancha con música y bebidas para llegar a un poblado nubio, donde se pasea por el pueblo y se entra en una casa típica a ver cómo viven sus familias. Regreso al barco para el almuerzo y, por la tarde, vuelo a El Cairo. Traslado al hotel. Aviso: el vuelo interno llega tarde, así que esta noche se cena y a la cama.
Día 6 | Jueves 10 de diciembre: El Cairo
Desayuno y la mañana que justifica el viaje entero: las Pirámides de Giza, la única de las siete maravillas del mundo antiguo que sigue en pie, y no por poco: la de Keops lleva ahí 4.500 años. Quien quiera podrá entrar al interior de una pirámide, y fuera hay juegos preparados para los niños. Después, la Esfinge, guardiana de todas las leyendas. Almuerzo en el 9 Pyramids Lounge, con las pirámides literalmente delante de la mesa. Por la tarde, el Gran Museo Egipcio, el museo arqueológico más grande del mundo dedicado a una sola civilización, con el ajuar completo de Tutankamón. Y de noche, paseo por el bazar de Khan El Khalili y cena allí mismo. Regreso al hotel.
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Día 7 | Viernes 11 de diciembre: El Cairo
Desayuno y salida hacia Saqqara, la necrópolis donde está la pirámide escalonada de Zoser, la primera gran construcción de piedra de la historia de la humanidad: antes de esta, se construía con barro. De ahí bajáis al Serapeum, un laberinto excavado doce metros bajo tierra con sarcófagos de granito negro de setenta toneladas cuyo propósito exacto todavía se discute. Es uno de esos sitios que casi ningún viaje incluye. Después, el Museo de las Civilizaciones, almuerzo en un restaurante local y tarde en el Cairo Islámico, con la Mezquita de Alabastro. Al volver al hotel se celebra el congreso de pequeños egiptólogos: toca poner en común todas las pistas.
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Día 8 | Sábado 12 de diciembre: El Cairo – Madrid
Desayuno y traslado al aeropuerto para volar de regreso a Madrid. Llegada a mediodía. Y la despedida solo llega después de comprobar una cosa: si el jeroglífico está resuelto.
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Egipto con niños tiene fama de ser complicado, y lo es cuando vas por libre: el visado, las propinas constantes, los traslados, decidir qué entradas merecen la pena. Aquí no hay nada de eso. Está todo dentro, hay alguien que habla castellano en cada parada y hay un juego que mantiene a los niños enganchados en sitios donde normalmente se aburrirían a los diez minutos. Ocho días y vuelven sabiendo quién fue Hatshepsut, por qué se momificaba y cómo se lee un cartucho. Y os lo van a contar ellos.
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